Rasgos de una buena traducción literaria

Rasgos de una buena traducción literaria

¿Qué rasgos caracterizan una buena traducción literaria?

Una buena traducción literaria es el resultado de una alquimia. Se trata de dejar que el autor susurre al oído la narración al traductor, para que este, simplemente, trascriba el dictado de quien tiene sentado a su lado, como si el traductor se convirtiera en el mago que descifra el jeroglífico de su pensamiento. Para traducir literatura no se debe traicionar al original creando un producto que nada tenga que ver, pero tampoco interesan las traducciones literales, mecánicas. Lo más importante al traducir una novela, un poemario, un ensayo o una obra dramática es respetar el alma del autor. Su estilo, su personalidad, su esencia. Se han dado casos de traducciones que, en su original, se trataba de un manifiesto de izquierdas. La traducción resultante es un manifiesto de ultraderecha. Lo mismo pasa con algunas novelas escritas por mujeres que reivindican su feminidad y la traducción no respeta esta perspectiva feminista. Una buena traducción literaria es la que fluye como si hubiera sido escrita en el idioma consiguiente.

Traducir es hacer verosímil un texto, llevándolo al propio terreno idiomático, transustanciarse en el autor como si fueras él o ella. Traducir cuatro obras de Elena Ferrante al catalán no representó para mí un antes y un después, sino un antes y un superdespués. Fue como entrar en una cueva matriz. Empezaron a llamarme «la traductora oficial de Elena Ferrante al catalán»: eso era muy emocionante porque valoraban mi trabajo. Mi objetivo siempre fue el mismo: ¿cómo escribiría Ferrante si fuera catalana? En su caso, además, el italiano estándar se combina con el dialecto napolitano.  El idioma estándar muchas veces se modifica para transmitir un acento específico, y eso es un desafío para el traductor. Sin decir nombres, todos sabemos que algunos traductores de Elena Ferrante se han pasado la presencia de los pasajes en napolitano por el escroto. En algunos casos, han puesto la directa y lo han traducido todo al italiano estándar, mientras que en otros —y eso me parece demencial— han interpretado el dialecto napolitano como si fuera pueblerino, antiguo y mal escrito. Eso es un error enorme, puesto que Ferrante asocia claramente cada dialecto del italiano con un un estrato social, una cultura y unas costumbres muy marcadas. En mi caso, consulté con un amigo napolitano, el cual me contó que el italiano que se habla en Nápoles tiene salidas agresivas, léxico grosero, exclamaciones encadenadas, una palabra estalla dentro de la otra. Por eso tuve clarísimo que no debía homogeneizarlo todo, sino distinguir ambos registros y marcarlos muchísimo para respetar la intención de Ferrante.

¿Cuál es el trabajo de un traductor editorial?

Si se trabaja de traductor editorial se debe seguir la línea de cada casa. No es lo mismo traducir por enésima vez una obra antigua de una editorial especializada en clásicos literarios que una novela actual para una editorial superventas. Es importante que un traductor sepa diferenciar entre una traducción literaria y una traducción no literaria y establezca una buena relación tanto personal como profesional con el editor. Parece obvio, pero algunos profesionales meten poesía en libros de cocina o en enciclopedias de aves. Poesía de cosecha propia, para lucirse y nada más, y como que no. Es imprescindible separar los conceptos de interpretación, reescritura y traducción. Un traductor editorial debe tener conocimientos culturales amplios para no interpretar mal un pasaje del texto, y también debe poseer una actitud multidisciplinar ya que su tarea no deja de ser un solo paso de un trabajo en equipo. Traducir es reescribir, sí, pero sin malmeter la obra de origen. Lo más importante es la creatividad del traductor. En muchos casos el traductor no solo es lingüista o ha estudiado traducción e interpretación, sino que también es autor, característica que aumenta el buen resultado de la traducción.

Rasgos de una buena traducción literaria

Foto de Tamara Gak en Unsplash

¿Cuánto tiempo se tarda en traducir un libro?

Para traducir un libro no existe un tiempo establecido. La duración de la traducción depende siempre de la dificultad de la obra, de la interpretación correcta de las metáforas (que a veces pueden ser culturales y la cosa lleva tiempo), del público a quien va dirigida la obra (no es lo mismo traducir para niños de primaria que para adultos), de la dosis de ironía del autor, de la cantidad de frases hechas o refranes que contenga, de los juegos de palabras, y de la extensión del texto. Lo habitual suelen ser un par o tres de meses de trabajo si la lengua es extranjera. Y un mes o mes y medio si la lengua es nacional.

¿Qué se necesita para trabajar traduciendo libros?

El diccionario es el elemento indispensable para todo traductor, claro. Pero no solo él. También es de agradecer tener conocidos nativos por si hay dudas insalvables. El estilo propio del traductor, la marca de la casa, proporcionará un nombre en el mundo de la traducción. Cuanto más esfuerzo y precisión, mejor resultado siempre. La buena redacción libre de faltas de todo tipo completa el pastel. Resulta imperioso conocer el idioma de origen de la obra a traducir, pero lo es aún más conocer a la perfección tu propio idioma, el idioma de destino. También es de ley conocer el contexto histórico de la historia, la biografía del autor y toda su obra. La idea es sencilla: ponérselo muy fácil al corrector editorial y contentar al jefe.

¿Cuánto gana un traductor editorial?

El mayor problema del traductor editorial ha sido y sigue siendo la precariedad. El salario va en función del idioma pero en todos los casos una traducción literaria se paga mal. No se puede vivir únicamente de la traducción y por eso muchos traductores compaginan su oficio con la docencia o la corrección. Las editoriales —sobre todo a partir de la pandemia— han reducido considerablemente sus publicaciones. Este hecho ha afectado a las traducciones. Una auténtica lástima. La crisis económica también ha frenado el crecimiento del sector del libro y, con él, la traducción se ha visto directamente entristecida. Con las nuevas tecnologías, el público lector ha disminuido y parece que el libro como lo hemos entendido toda la vida pronto será poco menos que un objeto vintage de adorno en algunas salas de estar.

Anna Carreras Aubets
info+annacarreras@sanscrit.net

Escritora, crítica literaria, correctora y traductora catalana. Licenciada en filología catalana por la Universitat Autònoma de Barcelona, ha escrito varios estudios sobre la literatura de los años 1970 y 1980, entre los que destaca la edición de la obra poética completa de Vicenç Altaió.

Col·labora en diferents mitjans de premsa i revistes d'art, entre els quals, El Punt Avui, El Nacional, Núvol i Bonart.