Traducción gastronómica, la receta para no dejar mal sabor de boca

Vivimos en un país eminentemente turístico en el que la gastronomía juega un papel fundamental. En 2019, antes del período pandémico del COVID-19, 83,7 millones de turistas llegaron a España y tomaron contacto directo con la enorme riqueza culinaria de la península y sus islas. Restaurantes, hoteles, bares, chiringuitos, guías, libros, revistas… un sinfín de plataformas tuvieron que traducir a multitud de idiomas nuestra idiosincrasia gastronómica.

Y, qué duda cabe, con una suerte de lo más variopinta. Son abundantes las anécdotas a la hora de recordar las traducciones literales de platos que alguna carta o menú recogen para espanto, incredulidad o, directamente, shock del asombrado comensal. Dejando de lado las situaciones más cómicas, es necesario subrayar que la traducción gastronómica es de una importancia capital a la hora de trasladar con fidelidad las características de un plato o una cocina.

Es fundamental para ello que se reúnan una serie de requisitos. El primero es el exhaustivo conocimiento del mundo de la alimentación, de sus ingredientes y procesos de producción y de la enorme variedad léxica que lo describe. Ya solo en variantes de productos tenemos una inmensidad de términos que pueden complicar mucho la traducción por lo que es conveniente estar al día y explorar el catálogo alimentario para conocer bien el mapamundi de los ingredientes.

Los procesos de preparación y cocinado también tienen una terminología que puede variar mucho entre regiones de un mismo país, por lo que es necesario entender la esencia de los mismos para poder interpretarlos y explicarlos con propiedad. Y, obviamente, los diversos recetarios regionales aportan una diversidad que añade complejidad a la tarea de traducir. Es aquí donde el conocimiento de la cultura local se convierte en una herramienta muy útil. Porque es evidente que, a la hora de explicar un plato, el background de la cultura a la que pertenece, aporta una información relevante de porqué es así y no de otra manera. Eso ayuda a concretar una traducción que combine la síntesis con la pedagogía y la eficacia descriptiva.

Relacionado con este mismo aspecto, la traducción gastronómica en muchas ocasiones debe evitar la literalidad, que puede dar como resultado una descripción extraña para el destinatario. Es más aconsejable explicar qué es ese ingrediente, buscando un símil si fuera necesario, o en qué consiste esa técnica de cocinado, en vez de traducir directamente y dejar al lector sumido en un mar de confusión.

Ese delicado equilibrio entre la descripción inteligente y la traducción directa será la que determine si la lectura es fluida y comprensible para quien no conoce el plato, el proceso o el producto en cuestión. Y es lo que puede marcar la diferencia a la hora de contar con la complicidad y el beneplácito del lector.

Surumbam
info@surumbam.com

Somos la empresa creativa concebida para ser parte de la solución.