Traducción de videojuegos: no es ningún juego

La industria del videojuego facturó en 2019, en el mundo, la friolera de 152.100 millones de dólares. Solo en España, el año pasado -recordemos, en plena crisis pandémica- el sector demostró su enorme fortaleza generando negocio por valor de 1.7147 millones de euros. Algo que fue posible gracias a los más de 16 millones de usuarios que forman su base de consumo. Estas espectaculares cifras superan largamente las que puede ofrecer una industria tan emblemática como es la del cine, no ya solo americano sino mundial, lo que da una idea del extraordinario desarrollo del negocio.

El sector implica multitud de especialidades técnicas y artísticas que dan forma a una infinidad de propuestas llenas de atractivos para enganchar a los potenciales jugadores. Diseñadores de software, dibujantes, redactores, creativos, directores de arte, diseñadores gráficos, psicólogos, asesores técnicos de toda índole… el sector es tan complejo como transversal. Algo indispensable para alcanzar el universo de público al que se dirige, desde el público infantil hasta adultos y seniors.

Y dentro de las necesidades de esta potente industria se incluye la traducción de los contenidos, fundamental en la comercialización mundial de los productos. La tarea seguramente no alcance la enorme complejidad de, por ejemplo, desarrollar el software y la mecánica de un juego. Pero es esencial para que el jugador local se identifique con el producto y asegure su éxito de comercialización.

Son muchas las variables a tener en cuenta para realizar la traducción de un videojuego. Seguramente la más evidente es el dominio del inglés como gran lengua dominante del sector. Sin lugar a dudas los anglicismos están a la orden del día, pero es importante señalar la importancia de las expresiones y jergas locales a la hora de ganarse la empatía del jugador.

A todo ello hay que añadir el reto de conocer los aspectos técnicos y las variables relacionadas con un software de videojuego, al menos en las cuestiones básicas que pueden afectar a la traslación de mensajes y conceptos.

La creatividad y la capacidad de trabajar en equipo son también aspectos a valorar puesto que cada proyecto aborda temáticas que pueden ser de lo más diversas. Traducir los contenidos de un videojuego seguramente implicará imbuirse en mundos y realidades imaginarias en las que la aportación del traductor tendrá un peso relevante. De esa implicación y capacidad de interpretación del juego y sus características dependerá la efectividad de la traducción a la hora de lograr la identificación del usuario con la trama. Y, por ende, el éxito en sus ventas.

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