Textos predictivos y traducciones automáticas ¿Está robándonos nuestra personalidad la inteligencia artificial?

Como diría el cronista, vivimos tiempos interesantes. Mientras que para unos esta frase evoca un estimulante escenario de constantes cambios y progreso, para otros que a lo mejor beben de la tradición oriental, la sentencia puede hacer más referencia a una auténtica maldición. Es precisamente en esta diversidad de percepciones culturales y psicológicas donde radica la esencia de la personalidad humana, la característica que hace a cada individuo diferente del resto.

El auge de la inteligencia artificial se ha extendido de manera muy significativa en el ámbito del lenguaje, de la escritura y, en general de la comunicación. Las traducciones automáticas proporcionadas por aplicaciones y plataformas tecnológicas globales proporcionan servicios cada vez más rápidos que mejoran sus prestaciones minuto a minuto. Y, en el mismo terreno de juego, avances como los textos predictivos, presentes ya en todo tipo de dispositivos, hacen que los usuarios simplifiquen sus tareas a la hora de elaborar mensajes.

Todo esto genera un enorme entramado de derivadas que afecta a campos tremendamente importantes para el desarrollo de la personalidad humana como es el de la lingüística y la neurología. Varios estudios apuntan a que la plasticidad de la mente humana puede estar siendo modificada ya por la aparición de la inteligencia artificial. El hecho de que, por ejemplo, a la hora de escribir un mail el ordenador ya nos sugiera una frase o una palabra para iniciar o completar una frase puede tener consecuencias a la hora de modular nuestra creatividad y originalidad.

Escribir implica una compleja coordinación de todo el proceso cognitivo que incluye la memoria a largo plazo, el sistema semántico, la memoria funcional y la planificación. Cuando esta tarea de escribir es sustituida por la máquina dejamos de requerir al cerebro una actividad que ejecutaba de una forma específica y personal, en base a la experiencia y la memoria del individuo. Funciones como el autocompletado o la autocorrección abundan en la materia y dibujan un panorama en el que la homogeneización del mensaje puede convertirse en una de las consecuencias más reconocibles.

La expresión de la personalidad de cada individuo también reside en cómo se expresa cuando escribe, las palabras y fórmulas semánticas a las que recurre. La inteligencia artificial explora ese territorio pero aún le queda mucho recorrido para conjugar la cuántica con la relatividad, es decir, cómo facilitar los procesos de comunicación sin que la personalidad de cada individuo se difumine en el éter.

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