Internacionalización, el gran reto de empresa

¿Cómo internacionalizar una agencia de traducción? Nuestras capacidades, los canales de contacto y comercialización, así como la legislación, fiscalidad y datos sobre el país de destino son la clave del éxito.

Todos sabemos que poner en marcha una empresa no es cosa fácil. Los trámites administrativos son muchos y, en demasiadas ocasiones, excesivamente farragosos. Sin embargo, una vez superados, tenemos vía libre para poder aplicar todo nuestro conocimiento y capacidad con el fin de ofrecer el mejor servicio a nuestros clientes.

Pasado el tiempo, establecida una primera cartera de clientes locales y nacionales, vemos que la empresa va tomando forma y se va consolidando. Culminados los primeros retos profesionales atisbamos ya lo que se perfila en el horizonte como el próximo reto a superar: ¿debemos internacionalizarnos?

Internacionalizar nuestra empresa es una obligación si queremos mantenernos en una posición competitiva.

Nadie se atreve a cuestionar que vivimos en una economía globalizada y que la tecnología ha cambiado la forma de hacer negocios para siempre. En este contexto, mirar hacia fuera no es una opción, es casi una obligación si queremos mantenernos en una posición competitiva. La vieja cultura de poseer únicamente clientes locales muestra vulnerabilidades que la desaconsejan si aspiramos a progresar en nuestra actividad económica.

Llegados a este punto, nos planteamos la gran pregunta: ¿cómo lo hacemos? Obviamente cada empresa es un mundo, pero, en cuanto a traducciones profesionales se refiere, es indispensable tener varios conceptos claros.

1. Adaptar adecuadamente nuestras capacidades a nuestras necesidades. No hablamos solamente de nuestra capacidad para lidiar con los entresijos de cada idioma, sino también de contar con los equipos (hardware y software) idóneos para hacerlo con eficacia. Los alfabetos, los formatos de fecha, los protocolos formales de presentación de los documentos, etc., deben poder manejarse y gestionarse sin impedimentos técnicos.

2. Localizar los canales de contacto y comercialización, estableciendo para ello el lenguaje propio del perfil del público objetivo. Es fundamental que antes de internacionalizar nuestra empresa tengamos claro qué vías son aptas para ser exploradas y cuáles son inviables. Instituciones, empresas, canales comerciales, plataformas… cada país establece su propio tejido empresarial y genera sus propios nexos de contacto. Es importante identificarlos y analizar qué oportunidades se nos pueden ofrecer. En este apartado es interesante la opción de establecer acuerdos de colaboración con otros profesionales que, como partners, nos pueden facilitar mucho la labor.

3. Fiscalidad, datos y legislación. Otro aspecto complementario es el que implica la obtención de toda aquella información que nos permita realizar nuestro trabajo sobre unas bases sólidas. Hablamos de conocimientos básicos de cada país o región que puedan afectar al desarrollo de nuestra empresa en ese mercado determinado. Hablamos de fiscalidad local, de la obtención de datos e información que nos permitan contrastar el material con el que trabajamos y también de aquella legislación que, por peculiar que sea, pueda afectar a los servicios ofertados. Las directivas de la UE contribuyen a unificar criterios en lo que se refiere a Europa, pero otros mercados pueden albergar normativas bien diferentes en cuestiones muy básicas. Es importante tenerlas presentes y actuar en consecuencia.

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