Alunizar, aterrizar, ¿amartizar? La carrera espacial y los nuevos retos lingüísticos

Cada lengua puede expresar una misma idea de múltiples formas diferentes. Sin embargo, en la traducción científica, es muy importante utilizar siempre aquellos términos que sean altamente fieles al significado de los originales.

Las ciencias humanas son un apasionante universo en el que se suceden constantes y sorprendentes eventos. Los grandes avances que se han llevado a cabo en cada una de las diversas ramas de la ciencia han llevado al ser humano a cotas de progreso insospechadas y, cada día, los medios reflejan, de una u otra manera, los datos que jalonan esa imparable escalada de progresos y conocimiento.

La traducción de términos científicos especializados a diversas lenguas diferentes consiste en hallar el vocablo en idioma meta que refleje sin confusión alguna el significado exacto del original.

La conexión entre países y culturas se ha multiplicado gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación y, como consecuencia de ello, la necesidad de traducir contenidos es cada vez mayor. Uno de los campos en los que más novedades se están dando es el de la astronomía y la exploración espacial. La intensa actividad extraplanetaria ya no solo corre a cargo de los EE. UU. o Rusia. Nuevos actores como China, Japón, e incluso Arabia Saudí, se han incorporado al selecto club con ambiciosas misiones espaciales. Como consecuencia, la traducción de términos científicos especializados a diversas lenguas diferentes, a veces, se convierte en un interesante ejercicio consistente en hallar el vocablo en idioma meta que refleje sin confusión alguna el significado exacto del original. Por ejemplo, en todos los países, cada día aterrizan miles de aviones y, en la luna, han alunizado ya diversas naves. Entonces,  aquellas que llegan a Marte, ¿podemos decir que han “amartizado”? Pues según la RAE sí, porque extrapolando los conceptos anteriores al caso de Marte, se obtiene la definición de amartizar: ‘Dicho de la nave espacial: Posarse en la superficie del planeta Marte’.

Mientras que los anglosajones se han adherido a la fórmula landing on… (‘aterrizar en…’), a priori, podría parecer que las lenguas románicas tienden a tomar el nombre propio de un lugar (la Tierra, Marte, la Luna…)  y lo transforman en un verbo. Sin embargo, los resultados son dispares. Por ejemplo, alunizar en francés es ‘alunir’ y en catalán ‘allunar’. No obstante, en italiano parece ser más corriente usar la fórmula ‘atterrare sulla Luna’, al igual que ocurre en portugués, donde se emplea la construcción ‘pusar na Lua’. Obviamente cada lengua guarda un número variable de opciones a las que siempre se puede recurrir, pero en ámbitos de divulgación científica es particularmente importante acertar con la alternativa más adecuada. No ya solo para explicar un procedimiento, como el caso de describir un amartizaje, sino para trasladar adecuadamente conceptos e ideas con cierta complejidad de una lengua a otra.

Debido al dinamismo característico del campo de la traducción, es importante actualizar permanentemente la formación lingüística y científica de todos aquellos profesionales y empresas que se dedican a esta tarea.

Además de estos casos, hay otros tantos que ponen de manifiesto el dinamismo característico del campo de la traducción, así como la importancia de actualizar permanentemente la formación lingüística y científica de todos aquellos profesionales y empresas que se dedican a esta fascinante tarea.

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